COMPETENCIAS Y HABILIDADES DEL DOCENTE EMOCIONALMENTE INTELIGENTE

Las emociones se encuentran en el centro de la existencia de una persona debido a la influencia que tienen sobre todos los aspectos que rodean a la vida misma.

La manera en que cada uno de nosotros aprende a manejar sus emociones será la medida del éxito propuesto. Es por eso que para alcanzar el éxito en nuestra práctica profesional debemos ser emocionalmente inteligentes haciendo nuestras ciertas competencias y habilidades.

A continuación, encontrarán algunas de ellas:

1. Autoconciencia:
Esto es tener conocimiento de las propias emociones en el momento justo que aparecen, saberlas identificar poniéndoles nombre y jerarquizando su intensidad.

2. Autocontrol:
Es la capacidad de controlar la expresión de nuestras emociones, pero con la particularidad de hacerlo en el momento justo.

3. Automotivación:
Las personas que tienen esta capacidad de motivarse a sí mismos son más persistentes y tenaces pues han fijado previamente el objetivo que persiguen.

4. Empatía:
Significa reconocer las emociones ajenas poniéndose en su lugar. Una de las herramientas básicas para poder desarrollar la empatía es el saber escuchar y descifrar hasta la comunicación no verbal.

5. Destreza social:
Se refiere a saber relacionarse adecuadamente con el resto de las personas que nos rodean, entenderse con ellas; en esta competencia está implícito el liderazgo, la popularidad.

¿Cómo es el profesor emocionalmente inteligente?

Está conectado con su misión, con su vocación y valores en su día a día.

Está presente en el aula, en cuerpo, alma y emoción, disfrutando del aquí y el ahora.

Es consciente de sus emociones y sabe canalizarlas para dar lo mejor de sí mismo.

Se plantea objetivos concretos y alcanzables, siendo coherente en sus acciones.

Mantiene relaciones constructivas con profesores y padres.

Es capaz de resolver los conflictos de forma creativa y cuidando sus emociones y las de los demás.

Es capaz de empatizar con sus alumnos y, desde esa empatía, educarles y hacerles crecer.

Es un ejemplo a seguir, un modelo de conducta emocional y social saludable.

Sabe escuchar y dar feedbacks constructivos.

Sabe hacer preguntas que abren posibilidades y orientan hacia la acción a sus alumnos.

Aprovecha las múltiples ocasiones en el aula y fuera de ella, para desarrollar en sus alumnos aspectos tan importantes como: la autoestima, la creatividad, la iniciativa, la tolerancia a la frustración, las habilidades de comunicación y trabajo en equipo, etc.

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